Remojándonos en las Fonts d’Algar

Buenas!! 😉

Ya estamos inmersos en el verano (¡bienvenido, verano!), aunque no sabemos lo que queremos, y tras estar quejándonos sin cesar porque no llegaba el calor y no se iban las lluvias… ahora el calor nos aplatana y buscamos lugares un poco más fresquitos.

Eso es lo que nos pasó esta semana pasada.

Llevaba tiempo queriendo ir a las Fuentes del Algar, en Callosa d’en Sarrià, pero primero porque pensaba que el niño era pequeño para disfrutarlo, segundo porque pensaba que igual era peligroso (¡cómo somos las madres!, lo sé); y después por si hacía mucho frío o mucha gente… siempre había un plan mejor.

Pero bueno, todo llega, y tras las quejas por no ir a la playa (y más a la piscina)…. Cogimos el coche hacia allá.

Desde Benidorm son pocos kilómetros, pero se va una media hora, pues hay rotonda tras rotonda.

Cuando llegamos a Callosa ya está el camino debidamente señalizado, y tenemos unas bonitas vistas de los campos de nísperos y del valle formado por el río Guadalest.

Primero, a la derecha, nos encontramos con una salida para la Oficina de Turismo, donde podemos dejar nuestro vehículo gratuitamente, aunque aún queda un poco para llegar a la entrada a las Fuentes. Más adelante tenemos más aparcamientos, pero previo pago. Nosotros lo dejamos casi en la entrada, y nos costó 5€, que nos descontarían del precio del menú si comíamos en el restaurante.

Antes de pasar por la entrada nos revisan  las mochilas, ya que está prohibido pasar con comida y con vidrio. Y después, en taquilla, pagamos 4€ por adulto y 2€ por niño (si son menores de 3 años, la entrada es gratis).

Nada más pasar te topas con la primera “toll” (piscina natural) y con la cascada principal, y ya empieza el lio. Hay poco sitio y mucha gente, pero nos cambiamos de calzado a toda prisa (aconsejo llevar escarpines o algo similar), nos despojamos de la ropa que nos sobra y organizamos todas las cosas para poderlas llevar lo más cómodamente posible (podríamos haberlo hecho antes, lo sé, pero es lo que tiene el desconocimiento del lugar).

En el camino de 1,5 km podremos elegir entre 6 piscinas naturales y una playa, con diferentes fondos (así, podemos buscar un lugar poco profundo donde poder andar con los más pequeños, con poca corriente y aguas cristalinas donde poder ver los pececillos, bañarnos bajo las aguas de las cascadas o incluso tirarnos desde la plataforma, NUNCA de cabeza). Eso sí, elijamos lo que elijamos el agua está, como es de esperar, bastante fríaaaaaaaa.

Por último, quería recordar que en temporada alta no se pueden llevar animales domésticos y que, a cambio, hay socorristas, aunque aun así hay que tener mucho cuidado con los resbalones.

En conclusión, mereció la pena la espera. Pasamos un rato bastante divertido, sobre todo cuando te acostumbras a la temperatura, jeje. Y los niños salieron encantados con la sorpresa.

¡Ah! A un paso tenéis el Dinopark, por si quereis completar un día redondo.

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